
El vecindario era antiguo, con muchas casas que habían sido convertidas en dúplex. A Julie le gustaban la atmósfera tranquila y los detalles rústicos.
– Estoy cerca del trabajo e incluso tengo un pedazo de césped-dijo ella-. No soy de vivir en apartamentos.
Todd le dirigió una sonrisa y le acarició la mejilla con el pulgar.
– Menos mal que no hemos ido a mi casa -dijo.
– Déjame averiguar. Todo es cristal y acero.
– Eso también, pero principalmente porque está más lejos.
Y, sin más, la besó.
Su boca era cálida y firme, aunque gentil. Se movía lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo, y a ella le gustaba. Le gustaba sentir sus manos en la cintura.
Julie se acercó un poco más y le colocó los dedos en los hombros. Por suerte, su bolso tenía una correa larga, de modo que no tenía que perder tiempo en sujetarlo. Quería tener la libertad de explorar sus brazos y su espalda.
Deseaba que el beso continuara. A pesar de que Todd no lo intensificara, sintió cosquilieos en todas las partes de su cuerpo, incluyendo algunas que le sorprendieron. Sentía presión en el pecho, las piernas temblorosas y tuvo la sensación de que jamás podría recuperar el aliento.
Todd se giró levemente, le besó la mejilla y bajó por la mandíbula, Le mordisqueó el lóbulo de la oreja, lo que hizo que diera un respingo y se estremeciera. Luego deslizó la lengua por su cuello.
Julie sintió cómo el vello se le erizaba y supo que no podría sobrevivir un segundo más si no la besaba. Besarla de verdad.
Por suerte, Todd parecía ser bueno adivinando el pensamiento. La besó de nuevo en la boca, Julie separó los labios y él introdujo la lengua en su boca, como si su deseo se equiparase al de ella.
Julie recibió su lengua, saboreando la pasión entre ellos. Mientras exploraba su boca con la lengua, Todd bajó las manos hasta sus caderas y la acercó más.
Julie pensó dos cosas en ese momento. Que la presión de sus pechos contra su torso era una tortura maravillosa, y que Todd estaba tremendamente excitado.
