Todd la echó hacia atrás. Ella agarró su corbata y consiguió quitársela antes de comenzar a desabrocharle los botones de la camisa mientras él se encargaba de la cremallera del vestido.

Llegaron al pasillo. Julie había dejado la luz del salón encendida, pero allí estaba oscuro. El la besó por el cuello, haciéndola gemir, llegando hasta el escote del vestido y hundiendo la boca entre sus pechos. Al mismo tiempo, Julie encontró el interruptor de la luz y él le bajó la cremallera. La luz se encendió a tiempo para ver cómo el vestido caía al suelo.

– Eres preciosa -dijo él mientras le acariciaba los pechos-. Caliente y suave, y no me importa que sea tóner de fotocopiadora; hueles muy bien.

Ella se rió mientras él le frotaba los pezones. Todo su cuerpo se tensó, mientras su parte más húmeda clamaba atención.

Sin dejar de tocarle los pechos, Todd se inclinó para besarla de nuevo. Ella cerró los labios alrededor de su lengua y absorbió hasta que él también se estremeció.

De pronto, aquello no era suficiente. Julie deseaba más; lo deseaba todo. Deseaba sentir su peso encima de ella. Deseaba que la penetrara una y otra vez hasta hacerle sentir el placer del orgasmo.

– La ropa -dijo ella-. Llevas demasiada.

– Buena observación.

Mientras Todd se quitaba la camisa, ella terminó de zafarse del vestido y lo condujo hasta su pequeño dormitorio. La luz del pasillo era más que suficiente para lo que iban a hacer. Se giró para mirarlo y vio que Todd la estaba contemplando.

– ¿Qué?

– ¿Estás intentando matarme? Eres una fantasía andante. ¿Saben tus compañeros del bufete lo que llevas debajo de tus trajes?

Julie observó su ropa interior de color rosa. Eran un tanto provocativos, pero nada especial. Los había comprado de rebajas.

– Probablemente sospechen que llevo ropa interior -murmuró ella mientras se quitaba los zapatos-. Prefiero que piensen eso a que no llevo nada en absoluto. Eso sería asqueroso -entonces se quitó uno de los tirantes del sujetador-. ¿Querías que me quitara esto?



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