
Todd ya se había quitado los zapatos y estaba bajándose los pantalones. Mientras ella hablaba, pudo apreciar su erección palpitante bajo los calzoncillos.
– Eso sería fantástico -contestó él.
Sus pantalones cayeron al suelo, deteniéndose en sus tobillos. No pareció darse cuenta. En vez de eso, se quedó mirando sus pechos.
Ella se desabrochó el sujetador y lo lanzó sobre la cómoda.
Realmente no supo si lo había lanzado bien, pues estaba demasiado concentrada en la expresión de Todd. El deseo y la sorpresa se mezclaban en una mirada tan apasionada y masculina, que hacía que le costase trabajo respirar.
Había estado antes con hombres y había estado razonablemente segura de que la deseaban. Pero Todd la miraba como si fuese su última comida. Su apreciación hizo que se sintiera especial y exótica, y más que ansiosa por hacer sus sueños realidad.
Todd se movió hacia ella y estuvo a punto de caerse al tropezar con los pantalones.
– Soy un desastre -murmuró mientras se liberaba de los pantalones y se quitaba después los calcetines.
Julie pensó en decirle que le gustaba el hecho de que no fuera perfecto. Hacía que pareciese más accesible. Pero entonces la abrazó contra su cuerpo y hablar se convirtió en una actividad complicada.
Sus manos estaban por todas partes; en sus brazos, en su estómago, sobre sus pechos desnudos. No la besó mientras exploraba sus curvas y acariciaba suavemente sus pezones con los dedos. En vez de eso, se quedó mirándola a los ojos, y Julie estuvo a punto de rogarle que la poseyera.
– Todd -susurró.
El la echó hacia atrás hasta que sintió la cama tras ella. Luego la envolvió con sus brazos, se giró y los dos acabaron sobre el colchón.
Ella aterrizó sobre él, con las piernas abiertas y sentada sobre su erección.
