– Ahora te tengo justo donde te quería -dijo él con una sonrisa- En mi poder.

– Yo estoy encima -dijo ella-. Yo mando.

– ¿Quieres apostar?

Todd le colocó las manos en las caderas y la movió hacia delante y hacia atrás. Incluso a través del tejido de la ropa interior, Julie sintió el calor y la fricción. Con un gemido, se dejó llevar por el placer.

– Justo así -murmuró él mientras comenzaba a masajearle los pechos.

La combinación de sensaciones era increíblemente sensual. La tensión se aferraba a sus músculos mientras sentía cómo se acercaba más y más al climax.

«Así no», pensó ella. No tan deprisa. No cuando aún llevaban ropa. Pero tampoco podía dejar de frotarse cada vez más rápido.

Sin previo aviso, Todd le giró con él hasta que acabaron los dos de lado. Le quitó las bragas con un movimiento suave y luego se despojó él de los calzoncillos. Antes de que Julie pudiera darse cuenta, estaba con la espalda sobre la cama y sentía su boca en el pecho izquierdo.

Todd lamió y jugueteó con su pezón hasta volverla loca de placer. Al mismo tiempo, deslizó una mano entre sus piernas y exploró su parte más húmeda.

Le llevó menos de tres segundos encontrar aquel punto tan mágico. Lo rodeó con los dedos antes de comenzar a moverlos con un ritmo suave y perfecto que hizo que el final fuese inevitable.

Julie se dejó llevar por las sensaciones hasta que apenas pudo respirar. Agarró la manta con los dedos y hundió los talones en el colchón. Todd se movió para besarla en la boca y, cuando sus lenguas se encontraron, Julie se perdió en las profundidades del orgasmo.

El climax pareció durar una eternidad, acabando con su voluntad con cada sacudida.

Sin embargo, finalmente fue consciente de su erección presionando su muslo. Abrió los ojos y encontró a Todd sonriendo.

– Ha estado bien -dijo él-. Al menos para mí. Creo que para ti ha sido mejor que bien.

– Lo ha sido -dijo ella mientras le acariciaba el labio inferior con el pulgar-. ¿Estás listo para algo mejor que bien para ti?



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