
– Pensé que nunca me lo dirías.
Se colocó entre sus piernas y presionó hasta que Julie sintió cómo la penetraba. Arqueó las caderas hacia él, deseando sentirlo entero. Entonces Todd se apartó, volvió a penetrarla y ella lo rodeó con los brazos, acercándolo a su cuerpo, disfrutando del peso casi tanto como de lo que le estaba haciendo.
Porque había comenzado de nuevo. La sensación de necesidad y deseo. El calor aumentando en su interior mientras los músculos se tensaban. Cada vez más rápido. Sus respiraciones comenzaron a sonar entrecortadas. Ella sintió cómo sus brazos empezaban a temblar mientras buscaba ese momento de no retorno.
Se había sentido vacía durante tanto tiempo, que había olvidado la gloria de ser poseída por un hombre decidido a complacerlos a los dos.
Todd se inclinó para besarla mientras ella sentía las primeras sacudidas, y entonces gimió y la penetró con más fuerza. Julie sintió cómo se quedaba rígido antes de estremecerse.
Tras meterse bajo las sábanas, Julie reposó la cabeza sobre su hombro. Él tenía los brazos a su alrededor y ella el muslo apoyado contra el suyo. Ese era uno de los momentos perfectos de la vida. Esos momentos que más tarde recordaría como una noche fantástica.
– Gracias -dijo él mientras jugueteaba con su pelo- Ha sido…
– ¿Espectacular? -preguntó ella.
– Iba a decir alucinante, pero espectacular también.
– He perdido práctica-dijo ella, cerrando los ojos con una sonrisa-. Muchas gracias por la lección.
– No te has comportado como si hubieras perdido práctica. Parecía como si hubieses leído el manual de cómo activar todos mis botones.
– ¿De verdad? ¿Todos?
– Bueno, tal vez te hayas dejado uno.
– Tendré que ocuparme de eso la próxima vez.
Todd se rió, y dijo:
– Palabras para convertir a un hombre en tu esclavo sexual. ¿Puedo quedarme?
