
– Un punto de vista interesante. ¿Qué planes tienes para hoy?
¿Planes? Era sábado.
– Tengo que hacer algunos recados. Me he traído trabajo a casa e iba a reunirme con mis hermanas más tarde para comer.
– Una chica ocupada.
– Suele pasar. ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer hoy?
– Reunirme con mi primo, aunque eso será más larde. ¿Puedo tomarte la palabra en lo de la ducha? ¿Y tal vez tomar prestado un cepillo de dientes?.
– Claro.
Aquello era tan raro, pensaba Julie mientras abría el armario que había junto al cuarto de baño. Había un cepillo de dientes sin estrenar y que era, por desgracia, rosa brillante.
– Lo siento -murmuró.
– Sobreviviré. ¿Tus cuchillas de afeitar tienen flores?
– No, pero son casi todas moradas.
– Qué chica estás hecha.
– ¿Preferirías que fuera un chico? -preguntó ella.
– No, aunque hubiera proporcionado una conversación interesante.
– Toma -dijo ella, entregándole un par de toallas y señalando después hacia el baño.
– De acuerdo. Gracias.
Julie regresó a la cocina y buscó una taza. Había un hombre en su cuarto de baño. Un hombre que pronto estaría desnudo bajo la ducha y que usaría su jabón. Todo era muy extraño. Debería…
– ¿Julie?
Dejó la taza y regresó al pasillo. La puerta del baño estaba parcialmente abierta.
– ¿Qué? ¿Hay algún problema? -preguntó ella.
– Más o menos.
Julie se detuvo frente a la puerta y abrió la boca para hablar. Pero, antes de que pudiera decir nada, él la agarró por el brazo y la metió dentro.
Estaba desnudo. Se dio cuenta de eso justo antes de que la abrazara y la besara. Desnudo, excitado y, aparentemente, con ganas de más, pensó ella mientras abría la boca y dejaba que comenzasen los juegos.
