
– Llevas una bata -murmuró él mientras le besaba el cuello.
– Sí, así es -dijo ella sin aliento.
– Tiene que desaparecer.
Era un hombre de palabra. Le desabrochó la bata y se la quitó. Debajo no llevaba nada; cosa buena, a juzgar por cómo comenzó a acariciarle los pechos inmediatamente.
Mientras él se inclinaba y le lamía los pezones, ella le acariciaba los hombros, la espalda, y luego le dio un beso en la cabeza.
– De acuerdo -dijo él-. Hora de ducharse.
– ¿Qué?
Le agarró la mano y la guió hasta la ducha antes de cerrar la cortina. La metió bajo el chorro del agua y alcanzó el jabón.
Tras enjabonarse las manos, comenzó a frotarlas por su cuerpo. El jabón hacía que su piel se volviera resbaladiza.
Le enjabonó la espalda, las caderas, la parte de atrás de las piernas, antes de aclararla. Entonces, en vez de darle la vuelta, simplemente se acercó y, presionando su espalda contra su torso, comenzó a deslizar las manos por la parte delantera de su cuerpo.
Le acarició el cuello y luego se entretuvo en masajearle los pechos. La combinación de dedos jabonosos sobre sus pezones y el agua caliente la volvieron loca de deseo. Julie le cubrió las manos con las suyas para mantenerlas ahí mientras echaba la cabeza hacia atrás para apoyarla sobre su hombro.
– Hay más -susurró él-. Mucho más.
Sin previo aviso, Todd dio un paso atrás y la giró. La besó suavemente en la boca antes de arrodillarse y darle otro beso en el estómago.
Sus músculos se tensaron en anticipación. El agua le corría por el cuerpo. Todd le colocó un pie al borde de la bañera y se inclinó, separándole los muslos y lamiéndola con suavidad. Ella emitió un gemido al sentir su lengua torturándola entre las piernas. Sentía sus labios, su aliento, y la presión mientras la complacía.
Tuvo que equilibrarse colocando una mano contra la pared. Las piernas comenzaron a temblarle mientras sus músculos se encogían. Todd se movía despacio, luego deprisa, lamiendo, absorbiendo.
