Julie estaba tumbada en su cama, con los ojos cerrados y su melena rubia extendida sobre la almohada. Ryan Bennett tomó un mechón de su pelo con el dedo índice, disfrutando de su suavidad. La respiración de Julie era lenta y constante, como si estuviera a punto de quedarse dormida. Pero la leve sonrisa que asomaba a sus labios indicaba que tenía otra cosa en mente.Algo que él encontraría increíblemente estimúlante.

No quería irse. Eso era lo más sorprendente de todo. Normalmente era de los que se marchaban apresuradamente a la mañana siguiente. Normalmente evitaba el problema no quedándose desde el principio. Pero había deseado despertarse en la cama de Julie y volver a hacer el amor con ella. Deseaba muchas cosas.

– Julie -murmuró.

Ella abrió los ojos. Sus iris eran azules con reflejos verdes. Tenía pecas y una sonrisa perversa, y olía a vainilla, a sexo y a tentación.

¿Cómo podía ser así y, al mismo tiempo, una mentirosa manipuladora? ¿Acaso era un juego para ella?

Él había fingido no saber nada de la oferta de Ruth para ver si ella lo mencionaba. Lo había hecho y, de tal modo, que quería creer que para ella no tenía importancia. Pero, si no le importaba el dinero, ¿por qué querría tener una cita?

– Eres demasiado guapo -dijo ella, acariciándole la cara.

– Eso no es malo.

– Podría serlo. Los hombres guapos no tienen que esforzarse tanto.

– ¿Así que preferirías que fuera un trol?

– Me gustaría pensar que tienes que esforzarte un poco para conseguir llevarte a una mujer a su cama. Sin embargo, tengo la sensación de que soy una de tantas.

– Yo no te he llevado a mi cama -dijo él-. Te he llevado a tu cama.

– Esa es una sutileza que no me quita razón alguna.

– ¿Por qué tú puedes decir cosas malas sobre los hombres, pero si yo hiciera un comentario sobre las mujeres guapas, me tacharías de misógino?-preguntó él, apoyando al cabeza sobre su mano.



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