– Porque sería verdad. Tenemos siglos de desigualdad entre sexos que vencer. Creo que un poco de ventaja para las mujeres no tiene nada de malo.

– Dijo la mujer.

– Ya hemos tenido la conversación de «quieres que sea un hombre». Sin embargo, aquí estamos, teniéndola de nuevo. ¿Hay algo que quieras decirme?

– Me estás volviendo loco -dijo él, tumbándose sobre su espalda.

– Es una de mis mejores cualidades. Lo he convertido en una forma de arte.

Se rió y se inclinó sobre él para besarlo. Su pelo rozó su torso, y Ryan tuvo que hacer todo lo posible por no tocarla y volver a hacer el amor con ella.

¿Quién era ella realmente? El había ido a la cita porque Todd era su primo, y él, Ryan, estaba deseando vengarse de las mujeres sedientas de dinero, fueran quienes fueran. No le había importado Julie: de hecho, había estado preparado para despreciarla al instante.

Pero se lo había ganado y, por alguna razón, tenía ganas de creerla.

– Háblame de tu familia -dijo él.

– Interesante cambio de tema -dijo ella, levantando la cabeza.

– Siento curiosidad por tu abuela. ¿Cómo es que no la habías conocido en todos estos años?

– Él primer marido de Ruth murió inesperadamente mientras ella estaba embarazada de mi madre. Ruth volvió a casarse pocos meses después de dar a luz con Fraser Jamison, tu tío abuelo. Naomi, mi madre, lo aceptó como su padre. Cuando tenía diecisiete años, conoció a Jack Nelson, mi padre, y se enamoró perdidamente de él. El no tenía dinero; de hecho, era un perdedor, pero un hombre encantador, de modo que no pudo resistirse. Se escapó con él para casarse, y Ruth y Fraser le dieron la espalda.

La historia concordaba con lo que le habían contado a Ryan, aunque su tío Fraser no había sido tan generoso en los detalles. Había descrito a Naomi como una zorra desagradecida que lo desafiaba constantemente, y a su marido como a un bastardo codicioso que deseaba conseguir dinero a toda costa.



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