– ¿Entonces qué? -preguntó ella mientras se ponía la bata-. Supongo que querrás volver a verme. Principalmente porque te he dado muchas oportunidades de escapar y no las has aprovechado.

– ¿Deseas que lo hubiera hecho?

– No. Me gusta tenerte por aquí. Ayer a estas horas, temía conocerte. Deseaba que cualquiera de mis hermanas pudiera ocupar mi lugar. Pero ahora… -le acarició la mano-. A veces perder es algo bueno.

Ryan sintió una presión en el pecho al darse cuenta de la verdad. Fuera lo que fuera lo que Todd y él habían pensado de Julie Nelson, se habían equivocado. No estaba en eso por dinero. Estaba en eso simplemente porque quería hacer feliz a su abuela y había perdido un estúpido juego.Al darse cuenta de lo que había hecho, de cómo lo había fastidiado todo, se sintió enfermo. Había imaginado que sería una zorra y, sin embargo, era la mujer más alucinante que jamás había conocido. Y la había pifiado. Totalmente.

– ¿Todd? -dijo ella-. ¿Qué pasa? Tienes una mirada muy extraña.

– Yo… -maldijo en silencio. ¿Cómo explicarlo?-. No soy Todd Aston.

Capítulo Cuatro

Julie sabía que tenía que decir algo, pero su cerebro no parecía funcionar. La falta de sueño y el exceso de sorpresa hacían que pensar resultase imposible.

– ¿No eres Todd? -preguntó, más para ella misma que para él.

– Julie, mira… -comenzó a decir él, pero ella levantó la mano para interrumpirlo.

– No eres Todd -repitió, mirando al hombre desnudo en su cama. El hombre con el que había hecho el amor varias veces-. ¿No eres Todd? -en esa ocasión, las palabras salieron de su boca como un grito que daba paso a la furia y el horror que crecían en su interior. Salió de la cama y se ató la bata-. ¿Qué diablos quieres decir con que no eres Todd?

– Soy su primo, Ryan Bennett. Todd y yo sabíamos lo que Ruth había hecho, y pensamos que cualquiera que hubiera aceptado las condiciones estaría metida en esto sólo por dinero. Fui a la cita pensando que iba a enseñarte una lección. Ya sabes, fingir que era Todd y luego marcharme.



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