
– No eres como esperaba-dijo Todd, volviendo a sonreír.
– ¿No soy demasiado joven, demasiado operada ni estoy demasiado desesperada?
– Una vez más, te saltas las formalidades. ¿Qué diría tu madre?
Julie consideró la pregunta.
– Toma sólo una copa de vino, asegúrate de que sea simpático y, si te gusta, dale tu número.
El se rió. Fue un sonido profundo y masculino que le produjo ajulie un cosquilleo en el estómago.
Interesante. Tal vez debiera de haberle dado una segunda oportunidad a eso de las citas a ciegas mucho antes.
– Es un buen consejo-dijo él-. Creo que me gusta tu madre.
– Es una mujer que merece la pena.
Apareció el camarero y les entregó las cartas antes de tomar nota de las bebidas. Todd eligió un whisky escocés de dieciocho años y Julie pidió un vodka con tónica.
– ¿No sigues el consejo de tu madre? -preguntó él cuando el camarero se hubo marchado.
– Ha sido un día muy largo.
– ¿Haciendo qué?
– Trabajo en un bufete internacional.
– Abogada. ¿Te dejan ya defender casos en los tribunales?
– Por supuesto.
– Suenas muy segura de ti misma.
– La seguridad sale sola después de eso.
– ¿Y antes?
– Jornadas laborales de dieciocho horas y mucho estudio.
– ¿Qué tipo de bufete es? ¿De derechos humanos o algo así?
– Derecho corporativo-dijo ella-. Yo estoy especializada en contratos y asociaciones con China.
– Una especialidad interesante.
– Era algo natural en mí. Hablo mandarín.
– Impresionante.
– Gracias.
Todd entornó los ojos y la observó.
– De acuerdo, creo que deberíamos empezar de nuevo.
– ¿Por qué? -preguntó ella, riéndose-. Todo va bien.
– Claro. Para ti. Mira, mi tía Ruth me dijo que había una jovencita a la que quería que yo conociera. Me dieron una hora y un lugar y aquí estoy. Yo esperaba a alguien… diferente. Eres una sorpresa agradable.
