– ¿Y siempre haces lo que te dice tu tía Ruth?

– La mayoría de las veces. Realmente es mi tía abuela o algo así. Pero es buena conmigo y me preocupo por ella. No me pide demasiado, así que, si es importante para ella, intento decirle que sí. Esto era importante.

O le estaba diciendo la verdad, o se sabía sus frases al dedillo. En ese momento, deseaba que estuviese siendo sincero.

– Tú también eres una sorpresa agradable -admitió ella-. Cuando he entrado, me estaba imaginando al señor Howell.

– ¿De La isla de Gilligan? Gracias.

– ¿Preferirías ser Gilligan? -preguntó Julie, riéndose.

– Preferiría ser James Bond.

– No eres inglés.

– Puedo trabajar el acento.

Julie se inclinó hacia él y preguntó:

– ¿Son los artilugios o las mujeres los que hacen ajames Bond tan atractivo?

– Ambas cosas.

– Estás siendo sincero.

– Pareces sorprendida.

Lo estaba.

– Puedo amoldarme-dijo ella-. De acuerdo, James-barra-Todd, lo único que sé de ti es que vistes como un hombre de negocios y adoras a tu tía Ruth. Bueno, y todo el asunto del número detrás de tu nombre, aunque probablemente no deberíamos entrar en eso.

– ¿Qué tiene de malo el número detrás de mi nombre?

– Nada. Es adorable. Yo siempre tengo que dejar en blanco esa casilla cuando me registro en páginas de Internet, pero tú te paras y escribes un enorme tres en números romanos.

– En realidad el tres no es tan grande. Es del mismo tamaño que los otros números, o que las otras letras, para que nos entendamos. Desea ser grande, claro, pero las fantasías no satisfechas son la realidad de la vida. El tres tiene que acostumbrarse a eso.

Encantador. Aquel hombre era encantador.

El camarero apareció con las bebidas. Cuando se hubo marchado, Todd levantó su vaso.

– Por el placer inesperado de encontrar a una mujer hermosa, divertida y lista -dijo.



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