– Eso no es justo -dijo Marina-. Ella lo ama.

– No me digas que es su destino, por favor. Regresa a nuestras vidas, es encantador y adorable, y entonces se marcha. Se va y nosotras nos quedamos recogiendo las piezas.

La infancia de Julie se había caracterizado por las intermitentes visitas de su padre y los subsiguientes ataques de lágrimas de su madre. Mientras que sus hermanas recordaban siempre lo excitante de las visitas de su padre, ella siempre recordaba el después. Jack Nelson era como una enorme tormenta eléctrica. Mucho ruido y mucha luz, pero, cuando se acababa, alguien tenía que encargarse de limpiar. Ese alguien siempre solía ser ella.

– Todos los hombres son unos bastardos -murmuró.

– Julie, no -dijo Willow- No todos los hombres son como Garrett.

– Hablando de sabandijas -dijo Julie-. Anoche salí con Todd.

– ¿Qué? -preguntó Marina, tirándole un cojín a Julie- ¿Estás de broma? ¿Por qué no habías dicho nada hasta ahora?

– Llevo aquí cinco minutos.

– Oh, por favor -dijo Willow-. Eso hay que decirlo nada más entrar y lo sabes. Bueno, cuéntanoslo todo. Comienza por el principio y habla despacio. No te dejes nada. ¿Estuvo fabuloso? ¿Encantador? ¿Podrías decir que era rico?

– Era…

De camino hacia allí, Julie había intentado encontrar la manera de describir la situación de manera graciosa para no convertirlo en otra experiencia patética más con los hombres. Pero no recordaba una sola cosa de lo que había planeado decir, y se sorprendió a sí misma y, sobre todo, a sus hermanas cuando comenzó a llorar.

– ¿Julie?

Marina la abrazó desde su lado y Willow se arrodilló frente a ella. Alguien le quitó el café de la mano. Se secó las lágrimas y dijo:

– No era un jorobado de un solo brazo. Era agradable. Encantador y sexy, y bailamos, y me hizo reír.



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