– De acuerdo -dijo él, ojeando sus papeles-. Básicamente estás bien. La presión sanguínea es buena. ¿Estás durmiendo lo suficiente?

Julie pensó en los sueños de Ryan.

– Demasiado.

– Como si me lo fuese a creer. Trabajas demasiado, pero puedes bajar el ritmo un poco. La empresa, sobrevivirá.

– ¿Bajar el ritmo? ¿Por qué? ¿Qué me pasa? ¿Es más serio que una gripe?

– Tienes que ser tú la que decida eso -dijo el doctor, dejando los papeles-. No estás enferma, Julie. Estás embarazada

Capítulo Cinco

– Tienen una posición única en el mercado -dijo Todd desde su asiento al otro lado de la mesa de conferencias-. Sería un área nueva para nosotros. Hemos hablado de expandirnos y… -Todd se detuvo y dejó a un lado su carpeta-. ¿Te estoy aburriendo?

Ryan miró a su primo y luego los papeles que tenía delante.

– Me parece una gran oportunidad -dijo.

– Al menos podrías fingir que te importa el maldito negocio -dijo Todd-, ¿Qué te pasa? ¿No será otra vez la señorita Nelson? No puede ser. Ha pasado mucho tiempo.

Para él no. Ryan se sentía furioso consigo mismo y resignado con la situación. Sus intentos por contactar con Julie no le habían servido de nada. La había pifiado y tenía que aceptarlo. El caso era que no quería aceptarlo.

– Maldita sea, Ryan -dijo Todd-, ¿Qué pasa? Las mujeres van detrás de nosotros desde que teníamos quince años. Es difícil resistirse al dinero. Estamos hartos de ser el gran partido. ¿Entonces por qué ahora? ¿Por qué esta mujer?

– Una pregunta excelente -dijo Ryan-. No tengo respuesta, salvo decir que era alucinante y que destruí cualquier posibilidad con ella.

– Fingiste ser yo -dijo Todd-. ¿Y qué? Si ella es todas esas cosas, ¿por qué no puede ver lo gracioso de la situación?



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