
Ryan no contestó. Le había dado a Todd una versión abreviada de su cita con Julie, omitiendo el hecho de que había pasado la noche con ella.
– Te juro que la tía Ruth puede ser un grano en el trasero -murmuró Todd- Cuando sugirió que me casara con una de sus nietas, tuve ganas de estrangularla.
– Yo quería ayudar -dijo Ryan, sabiendo que se había metido en eso por voluntad propia-Julie no hizo nada malo y yo le hice daño.
– Estaba dispuesta a salir con un hombre por dinero -dijo Todd-. Eso dice muchas cosas.
– La cita era gratis -dijo Ryan. Yo le dije que debía haber exigido al menos cincuenta mil dólares. Después de todo, tenía que haber algo malo en ti para que tu propia tía tuviera que pagar a alguien para que se casase contigo.
– No es mi tía carnal -dijo Todd-. Y yo no tengo nada de malo. Vas a tener que olvidarte de ella.
– Lo haré -con el tiempo. La pregunta era cuánto tiempo tardaría.
– Mira el lado positivo. Si fue tan mal como dices, no tengo que preocuparme de que las otras hermanas Nelson deseen casarse conmigo. Has estropeado los planes de tía Ruth.
– Se le ocurrirá otro plan. Sabes que quiere vernos casados. A ti te eligió primero porque eres dos meses mayor, pero mi turno se acerca.
De pronto pensó que, si lo hubiera elegido a él primero, su cita con Julie habría sido real. Habría ido sin esperar nada, dispuesto a deshacerse de ella cuanto antes, pero todo habría salido bien.
– Me voy al gimnasio -dijo, poniéndose en pie. Tal vez un par de horas de ejercicio le permitieran poder dormir por la noche.
Pero, antes de que pudiera marcharse, se abrió la puerta de la sala y entró su secretaria.
– Siento interrumpir, pero hay alguien que quiere ver a Ryan. Una tal Julie Nelson. Dice que es importante. ¿Le digo que pase?
Todd miró a Ryan, y dijo:
