
– Gracias -dijo ella, chocando suavemente su vaso.
Mientras brindaban, sus dedos se rozaron. No fue nada, sólo un leve contacto. Pero Julie fue plenamente consciente de ello. Su hermana Willow le diría que se trataba del universo dándole un mensaje que ella debía escuchar. Su hermana Marina querría saber si Todd era el «definitivo».
– ¿Y a qué te dedicas? -preguntó ella.
– Escribo en el cielo -contestó él, dejando su vaso-. Ya sabes, esos horribles mensajes que la gente deja en las nubes. «Barney ama a Cathy». O: «John, compra leche».
Julie dio un sorbo a su vaso y esperó.
– Soy socio en una empresa de inversiones de riesgo. Compramos pequeños negocios, les damos dinero y los reformamos hasta que son grandes empresas; entonces se las vendemos a alguien y ganamos mucho dinero. Es asqueroso. Debería estar avergonzado.
Ella se rió.
– Hubiera pensado que llevarías la empresa familiar.
– Hay una junta profesional que se ocupa de eso. Prefiero construir mi propio negocio antes de que me lo regalen.
– Suena despiadado -bromeó Julie.
– Puedo serlo. Mucho. La gente tiende a subestimarme por el número después de mi nombre. Dan por hecho que no sirvo para nada. Pero no es así.
Ella lo creía. Era divertido, poderoso, y daba gusto mirarlo. Sobre todo en ese momento, cuando la miraba tan intensamente. Julie sentía que tenía toda su atención; cosa que era excitante y, al tiempo, daba miedo.
– Claro que a ti también te subestiman -añadió él.
– ¿Y cómo sabes eso?
– Porque yo te había subestimado. Cuando dijiste que trabajabas internacionalmente, di por hecho que tendría que ver con los derechos humanos.
– Es muy típico de los hombres -dijo ella-. Dar por hecho que las mujeres se dejan llevar por las emociones en vez de por los negocios.
– A ti te pasará mucho.
– Sí, pero no me importa. Lo utilizo. Mi carrera es importante para mí. Los primeros años en un bufete importante pueden ser duros. Yo quiero ascender, pero me educaron para hacer lo correcto. Así que me aprovecharé del hecho de que me subestimen.
