– Yo…

Julie se puso en pie, lo cual le obligó a él a hacer lo mismo.

– Me mentiste -repitió ella-. No me gustan los mentirosos. Podría haber tolerado cualquier otra cosa, pero no. Eso habría sido demasiado fácil.

– Estabas allí por el dinero -dijo él en un intento desesperado por defenderse.

– Oh, por favor. Estaba allí porque había descubierto que tenía una abuela y aún sigo pensando que quiero llevarme bien con ella. Nunca se trató del dinero y lo sabes. Eso es lo que más me molesta, Ryan. Lo sabes todo. Conectamos increíblemente. Aquella noche fue… -se detuvo y tragó saliva-. Olvídalo.

– Julie, no hagas esto. No me des la espalda. Tienes razón. Fue una noche fantástica. Mágica. Eso no me ocurre con mucha frecuencia. ¿Y a ti? ¿Vas a ignorar eso por un simple error?

– Me mentiste sobre tu identidad sólo para hacerme daño. Con magia o sin ella, ésas no son cualidades que busco en un hombre.

– ¿Y por qué estás aquí?

– Estoy embarazada. Nos acostamos y no usamos protección. Ni siquiera lo hablamos, lo cual es una estupidez, pero aquí estamos. Mi excusa es que llevaba más de un año sin tener una relación y no estaba tomando nada. No fingiré saber cuál es tu excusa.

Ryan escuchó sus palabras, pero no significaron nada. Su cuerpo se quedó helado y su cerebro dejó de funcionar.

– ¿Cómo?-preguntó antes de poder evitarlo-. No importa. Conozco la respuesta.

– Qué reconfortante.

Embarazada. No lograba comprenderlo. Claro, tener hijos era algo que sabía que ocurriría finalmente, ¿pero en ese momento? ¿Así? ¿Con una mujer que lo odiaba?

El momento no era el adecuado, pero descubrió que la idea no le disgustaba.

Julie se sentó. Habría preferido mantenerse de pie, pero últimamente siempre corría el riesgo de marearse. Algunas mujeres pasaban el embarazo entero sin síntomas. Ella había conseguido pasar casi el primer mes sin enterarse. ¿Sería su suerte?



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