
Le entregó la tarjeta.
– ¿Ya está? -preguntó él.
– ¿A qué te refieres?
– ¿No tienes nada más que decir? ¿Nada más de lo que quieras hablar?
– No hay nada más – contestó Julie, encogiéndose de hombros -. Estoy embarazada. Soy yo la que tiene que ocuparse de eso. Cuando haya bebé, podrás involucrarte. Hasta entonces, supongo que hablaremos.
– ¿Quieres decir que yo te llamaré y tú ignorarás mis llamadas?
– Esta vez no las ignoraré.
– No sé si creerte.
– No soy yo la que miente -dijo ella, recogiendo su bolso.
– ¿Alguna vez olvidarás eso?
– No.
– Julie -dijo Ryan, dando un paso hacia ella-, vamos a tener un bebé. Alguna vez tendrás que perdonarme.
– De hecho, no -dijo ella antes de darse la vuelta y marcharse.
Capítulo Seis
Ryan pasó la tarde en su despacho sin trabajar.
Embarazada. Sabía que había estado allí y lo que había ocurrido, pero aún seguía pareciéndole imposible que una sola noche pudiera dar paso a un bebé.
Todd entró en la sala y se sentó en el sofá de cue ro junto a la ventana.
– ¿Qué es lo que quería? -preguntó-. No, espera. Quiero adivinarlo. Te lo ha perdonado todo y desea volver a estar contigo.
– ¿A ti te parece que estaba de humor para decir algo así?
Todd se encogió de hombros.
– Estaba enfadada, claro -dijo-. Pero no sabemos si era real o fingido. Venga. Ya hemos visto esto antes. Algunas son mejores que otras.
En otro momento, Ryan habría estado de acuerdo con su primo. Hacía poco había llegado a estar convencido de que no quedaban mujeres sinceras. Pero se había equivocado.
– Está embarazada.
Todd se enderezó y lo miró fijamente. Entonces maldijo en voz baja y volvió a recostarse en el sofá.
– Te han fastidiado de lo lindo -dijo-. Tiene sentido, Ella gana de todas formas.
