
– Nadie gana -dijo Ryan-. Vamos a hacer un trato. Me preguntó si quería renunciar a mis derechos.
– ¿Y no te ha pedido nada a cambio? -preguntó Todd-. No lo creeré hasta que no vea los papeles.
– Le he dicho que no.
– Claro que sí.
– No es así como yo lo habría planeado, pero, ahora que ha ocurrido… -no sabía qué decir.
– No me vengas con el cuento de padre e hijo -dijo Todd, frunciendo el ceño.
– No me importaría tener una hija.
Todd emitió un gemido.
– Mira el lado positivo -dijo Ryan con una sonrisa-. En alguna parte leí que un bebé saca casi toda su inteligencia de su madre. Julie es tan lista, que su bebé podrá ser capaz de salvar el mundo.
– Tú sí que necesitas que alguien te salve. Apenas conoces a esa mujer y ahora vas a tener un hijo con ella. Si te ofreciera la oportunidad de escaquearte, deberías considerarlo.
– No.
– Mira lo que ocurrió la última vez.
– Esto es diferente. No seré padrastro. Estaré implicado desde el principio. Tomaremos las decisiones juntos.
– ¿Estás seguro de eso?
– Julie tiene todo el derecho a estar enfadada conmigo.
– No estoy de acuerdo, pero bueno -dijo Todd-. Está enfadada, ¿pero crees que alguna vez se le pasará? ¿O jugará contigo? ¿Estás seguro de que el bebé es tuyo?
– ¿Siempre has sido tan cínico?
– Los dos lo somos.
– Ya no.
– Nada de eso -dijo Todd, reposando el tobillo en la silla contraria- No puedes decirme que esto cambie las cosas. La conociste, te gustó, te acostaste con ella, cosa que por cierto no me dijiste.
– No me pareció relevante.
– Todo apunta a lo contrario. No tienes manera de saber con quién estuvo la noche o la semana de antes de conocerte. De acuerdo, demos por hecho que es tuyo, pero protégete, Ryan. Tiene sentido.
Sí tenía sentido. Pero la cuestión era que Ryan sabia que no era necesario. En el fondo sabía que Julie estaba diciéndole la verdad.
