– Tal vez lo planeó todo -dijo Todd-. Tal vez lo hubiera preparado.

– Claro -dijo Ryan-. Julie consiguió reconciliarse con una abuela que no sabía que tenía, segura de que Ruth insistiría para que una de las hermanas saliera contigo. Entonces esperó a una noche en la que estuviera ovulando, concertó la cita, me sedujo, me llevó a casa y se acostó conmigo sin saber si yo usaría preservativo, todo el tiempo con la esperanza de quedarse embarazada.

– Podría pasar -murmuró Todd.

– Haces que me replantee nuestra asociación.

– Miro por tu bienestar. Te conozco, Ryan. Tienes toda esa vena del honor. Lo ocultas, pero sé que está ahí. Mentiste y, aunque estaba justificado y estabas enfadado en aquel momento, odias haberlo hecho. Ahora ella está embarazada y te sientes responsable. No seas estúpido.

– No lo seré.

– Y yo me lo creo. Por lo menos no hagas nada hasta que no nazca el bebé y te hagas la prueba de paternidad, ¿de acuerdo? Puedo recomendarte algún buen abogado.

– Julie es una buena abogada.

– Me refería a un abogado que no fuese a fastidiarte. ¿Estás seguro de que no está en esto por dinero?

– Sí.

– Yo no lo estoy. Ryan, eres lo más cercano que tengo a un hermano. Recuerda lo que ocurrió la última vez. No quiero que te den otra paliza.

– Julie no haría eso.

– ¿Cómo lo sabes?

Ryan no tenía una respuesta. Era algo que sentía, no algo que pudiera demostrar o explicar.

De hecho, Todd tenía cierta razón. Ryan no sabía casi nada de Julie. Era posible que estuviera en eso por dinero. Tal vez fuera un juego para ella. Pero, sinceramente, le daba igual.

¿Qué decía eso de él?

– Ella no es así -dijo finalmente.

Todd negó con la cabeza, y dijo:

– Todas son así.


– ¿Por qué nos reunimos aquí? -preguntó Willow cuando salió de su coche y observó el centro comercial. Como Julie había pedido, había aparcado frente a la tienda de material de oficina-. ¿Hay rebajas en clips o en bolígrafos de colores?



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