
– Qué despiadada.
– Yo no diría tanto.
Sus miradas se encontraron. Hasta ese momento, Julie había estado disfrutando de su bebida y de la compañía, pero de pronto sintió la tensión a su alrededor. Notó cómo el vello de la nuca se le erizaba. Había pensado que Todd sería un remilgado, y él había pensado que ella sería una idiota. En vez de eso, se encontraba a sí misma reconsiderando sus planes de no involucrarse con nadie hasta no haber terminado su segundo año en la empresa. Aunque no tenía mucho tiempo libre, con el incentivo adecuado, podría hacer una excepción.
Le gustaba el hecho de que fuera listo y cínico y, aun así, prestara atención a lo que su tía Ruth tuviera que decir. Le gustaba su sonrisa y el interés que brillaba en sus ojos.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió calor entre sus muslos. Era bueno saber que esa parte de su cuerpo no estaba completamente muerta.
– Háblame de las mujeres de tu vida -dijo ella.
– No he traído fotos.
– No importa. Con que me hagas un breve resumen es suficiente. Esta vez pasaré de los curriculum.
– Eres muy generosa -dijo él, dejando su vaso-. Pues están las gemelas…
Julie sonrió.
– No te acuestas con gemelas y yo no me asusto fácilmente.
– De acuerdo. No hay nadie serio en este momento -Todd frunció el ceño-. Mejor dicho, no hay nadie en este momento. Tuve una ruptura difícil el año pasado. Nada de ex mujeres ni ex prometidas. ¿Y tú?
– Un ex prometido de mi último año en la universidad. Ahora no hay nadie.
– ¿Qué ocurrió?
Tal vez Julie no estuviese en el mercado de citas, pero sabía cuándo evitar un tema. No tenía sentido entrar a contar su triste historia.
– Las cosas no salieron bien.
El camarero apareció para preguntarles si tenían alguna pregunta sobre la carta.
