– Dado que eso habría requerido que las mirásemos -dijo Todd con una sonrisa-, todavía no. Pero lo haremos ahora mismo.

Julie esperó a que estuvieran solos y dijo:

– ¿Por qué molestarse con la carta? Vas a pedir filete poco hecho y ensalada. No porque quieras, sino porque, si no comes verduras, la gente pensará que no te educaron correctamente.

Todd arqueó la ceja y dijo:

– Tú quieres filete, pero está todo ese asunto de que las mujeres no comen en las citas, así que pedirás pescado, que no te gusta realmente -Todd agarró su vaso-. Lo retiro. Sí te gusta el pescado, pero sólo con cerveza, frito y con patatas fritas.

– Me gusta el atún -dijo ella.

– Algo de una lata no cuenta.

– De acuerdo -dijo Julie, riéndose-. Tú ganas. Pediré el pescado e incluso me lo comeré, pero no puedes decírselo a nadie.

– Me parece justo. Y yo pediré la maldita ensalada -se inclinó hacia ella, mirándola fijamente-. Esperaba aburrirme.

– Yo también. También pensé que me sentiría moral e intelectualmente superior.

– Me gusta la superioridad moral.

– ¿Pero no puedo ser más lista?

– Soy un tipo muy listo.

Julie estiró el brazo, pero, antes de que pudiera levantar su vaso, él le agarró la mano. Sus dedos eran cálidos y fuertes mientras le frotaba los nudillos. Ella se sintió mareada y muy femenina, una combinación inusual para ella. Normalmente se mostraba decidida e intimidante.

– Tengo una pregunta técnica -dijo él mientras giraba la mano para acariciarle la palma con el pulgar-. Se trata de mi tía Ruth.

– ¿Qué pasa?

– Es tu abuela.

– Eso dicen -dijo Julie, tratando de concentrarse en la conversación y no en el deseo que sentía. Se dijo a sí misma que su reacción tenía más que ver con el hecho de no haber tenido una cita en dieciocho meses. El problema era que no lograba convencerse.

– Si es mi tía abuela y tu abuela -dijo él-. Eso nos convierte en…



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