Pero a la señora Aston aquella sonrisa inocente no la conmovió.

– Ya sabe que no toleramos los ruidos, señorita Hayes y está usted en período de prueba. Las personas que vinieron a visitarla el domingo hicieron mucho ruido…

– Lo sé y lo lamento mucho, pero a Bertie le están saliendo los dientes. De todos modos, lo saqué a la calle un rato -se había ofrecido a hacerlo para dar un respiro a sus vecinos. Se había encontrado a los pobres Kevin y Faye dormidos en el sofá a su regreso-. No volverá a suceder -se apresuró a decir Jessie-. Se lo prometo.

No estaba dispuesta a que nada acabara con sus posibilidades de vivir en Taplow Towers.

Le encantaba aquel lugar, porque era tranquilo, y nunca iba a suceder nada fuera de lo normal. No era el tipo de sitio en el que hombres guapos llamaran a tu puerta pidiendo un poco de café, porque se les había terminado. Tendría que haberse dado cuenta de que si a Graeme se le daba tan bien flirtear, era porque tenía mucha práctica, y tarde o temprano, se volvería a quedar sin café.

En Taplow Towers podía trabajar día y noche en su ordenador, sin el más mínimo riesgo de ser molestada. Ya la habían molestado bastante…

No le había resultado fácil entrar, porque la comunidad de propietarios prefería a señoras de una cierta edad, pero al parecer el hecho de haberles dicho que había perdido a su prometido y tenía el corazón hecho pedazos les había ablandado y la habían aceptado en período de prueba. Todavía le quedaba un mes. Un movimiento en falso y le darían veinticuatro horas para abandonar el apartamento. Estaba en las normas que aparecían en el documento que había firmado sin dudar.



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