
Cuando la musica comenzo a sonar y los otros bailarines ocuparon sus puestos, Darcy busco un sitio contra la pared, lejos de la mesa y los circulos de vecinos y parientes que rodeaban el salon. Mirase adonde mirase, veia ojos entrecerrados que lo examinaban con descaro, o que batian las pestanas con pretendida modestia. Endureciendo su expresion, Darcy se refugio en una actitud de estudiada indiferencia que enmascaraba el frio desden que combatia en su pecho contra una ardiente furia, mientras observaba ante el el ir y venir de la sociedad provinciana.
?Por que habia accedido a desperdiciar de esa manera la velada? A excepcion de sus propios acompanantes, no habia en todo el salon ni el mas minimo atisbo de belleza, charla interesante o buen gusto. En lugar de eso, estaba rodeado de gente comun, insulsa y banal, esa clase de pequenos burgueses cuya idea de conversacion se limitaba a un intercambio de vulgares rumores, como aquellos de los que el estaba siendo objeto en ese momento. Darcy no pudo evitar comparar aquella situacion con la ultima vez que estuvo en Tattersall’s en busca de un nuevo semental Thoroughbred, apropiado para sus potrancas. Alli mismo juro en secreto que nunca volveria a comprar caballos en una subasta.
