– No esta mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y ahora no estoy de humor para dedicarle mi atencion a las jovenes que han dejado de lado otros hombres -objeto Darcy de manera tajante-. Sera mejor que vuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas, porque estas perdiendo el tiempo conmigo. -Dejando que Bingley tomara su consejo como mejor le pareciera, se dio media vuelta y se alejo todo lo que pudo de la presencia de la perturbadora mujer. Durante el resto de la velada se entretuvo bailando con las dos hermanas de su amigo y, cuando no estaba con ellas, desanimando a cualquiera que tratara de darle conversacion. Su indignacion por el absoluto desperdicio de una velada entera en compania de burdos desconocidos se manifestaba a traves de una actitud tan odiosa que rapidamente se quedo solo. Cuando la fiesta por fin termino y el carruaje de los Bingley se estaciono frente a la entrada para recogerlos, solo pudo suspirar de alivio.

Mientras Bingley elogiaba con satisfaccion la velada, Darcy se recosto en su asiento y se dedico a observar a sus acompanantes. Tal como habia sospechado, la senorita Bingley y la senora Hurst discrepaban del entusiasmo de su hermano y no tuvieron la menor duda en expresar su total desacuerdo. Darcy dejo a los Bingley debatiendo sus diferencias y dirigio su mirada hacia la noche, a traves de la ventanilla del carruaje. Un pequeno revuelo a la entrada de la posada atrajo su atencion e, inclinandose hacia delante, vio como varios miembros de la milicia local presentaban sus respetos a un grupo de jovencitas que salian por la puerta. Con grandes aspavientos y exageradas reverencias, competian entre ellos para escoltar a las damas hasta su carruaje. Una de ellas dejo escapar una risa suave y deliciosa que hizo que Darcy se inclinara mas para buscar la fuente de tal sonido.



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