
– Creo que la experiencia le ha enseñado.
– ¿Qué le ha enseñado? ¿Que ser una lagarta truculenta y testaruda no facilita precisamente la promoción?
Webberly dejó que las palabras de Hillier abrasaran el aire entre ellos.
– Ese ha sido siempre el problema, ¿no? -dijo al fin.
Hillier reconoció una penosa resignación en el tono de su amigo. Ese era realmente el problema: avanzar por el escalafón. Pensó que había dicho una estupidez.
– Disculpa, Malcolm. -Terminó plácidamente el jerez, lo cual le dio algo que hacer en vez de mirar el rostro de su cuñado-. Te mereces mi puesto. Ambos lo sabemos, ¿no es cierto?
– No seas absurdo.
Pero Hillier se puso de pie.
– Llamaré a Havers.
La sargento detective Barbara Havers salió del despacho del comisario jefe, pasó rígidamente ante la secretaria de éste y se dirigió al pasillo. Estaba lívida de ira.
¿Cómo se atrevían a hacerle una cosa así? Pasó por el lado de un empleado, sin detenerse cuando a éste se le cayeron al suelo los expedientes que llevaba y se esparcieron. Ella siguió su camino, pisoteándolos. ¿Con quién creían que estaban tratando? ¿La consideraban tan estúpida como para no darse cuenta de la estratagema? ¡Les mandaría a paseo!
Parpadeó y se dijo para sus adentros que no lloraría, no levantaría la voz, no reaccionaría. El letrero de SEÑORAS apareció como un milagro ante ella, y entró en el servicio. Allí no había nadie más y hacía fresco. ¿Era real el calor que había sentido en la oficina de Webberly, o quizás la cólera la había acalorado? Se aflojó el nudo de la corbata y se acercó al lavabo. El agua fría brotó del grifo bajo sus dedos temblorosos, mojando la falda del uniforme y la blusa blanca. Era lo único que le faltaba.
– Eres una burra -espetó a su imagen reflejada en el espejo-. ¡una burra fea y estúpida! -No lloraba con facilidad, por lo que las lágrimas le parecieron cálidas y amargas, con un sabor y una sensación extraños mientras le recorrían las mejillas, formando riachuelos sobre su rostro sin atractivo-. Eres todo un caso, Barbara. ¡Valiente facha la tuya!
