
«Hace poco se informó que podía ser útil como una superespecie de contador de escintilación para detectar neutrinos, pero por lo que sé nadie se interesó demasiado en ese aspecto hasta que el Planeta de Thornton irrumpió en el sistema solar. El planeta no está irradiando en ninguno de los espectros energéticos conocidos y por eso no se lo puede ver a simple vista, pero lanza un bombardeo de neutrinos al espacio cuatro-pi. Cuando un neutrino entra en la lente de unas gafas de magniluct, interactúa con los protones y produce neutrones y partículas más-beta que actúan sobre otros átomos del material y a la vez producen emisiones en el espectro visible.
«Por eso no se puede focalizar la radiación y obtener una imagen amplificada: los neutrinos avanzan en línea recta. En realidad, es sólo gracias a esas partículas esparcidas hacia adelante que al menos se llega a ver esa imagen ligeramente turbia del planeta. ¿Qué tal lo he explicado? — Collins puso cara de escolar que espera elogios.
— Muy bien — dijo Ambrose—, especialmente si la física de partículas no es su especialidad.
— No lo es.
Ambrose decidió no mencionar que la nucleónica había sido su propia especialidad, por si se notaba demasiado que él sabía menos de lo que razonablemente cabía esperar. Sacudió el primer anillo de ceniza del cigarro y reflexionó concienzudamente sobre lo que acababa de oír.
— Esta emisión… que sólo consiste en neutrinos — dijo lentamente—, supongo que es el fundamento para llegar a la conclusión de que el Planeta de Thornton está compuesto de materia antineutrínica.
— Eso me han dicho.
— Lo que significa que es una especie de mundo-fantasma. En lo que a nosotros respecta, casi no existe.
— Correcto.
— Vaya suerte la mía — dijo Ambrose con una sonrisa amarga—. ¿Cómo lo representaré en el planetario?
