
— Afortunadamente para mí, ese problema es suyo y no mío — Collins empleó un tono cordial que contrastaba con el giro que había elegido—. ¿Le gustaría ver dónde se halla actualmente el intruso?
— Por favor.
Ambrose chupó suavemente el cigarro mientras Collins tecleaba una orden en la terminal de computadora del escritorio para obtener un diagrama astronómico en la pantalla de la pared. Cuando apareció la imagen, Ambrose notó que el hombretón le observaba con velado interés, como a la espera de alguna reacción. Ambrose estudió la pantalla, que mostraba dos líneas de puntos verdes designadas como las órbitas de Júpiter y Marte y atravesadas por una línea roja continua que representaba el itinerario del Planeta de Thornton. El diagrama concordaba bastante con lo que él esperaba ver, y sin embargo se olía un error, algo relacionado con el conjunto de datos que acababan de suministrarle.
— Esta es una visión panorámica corregida, de acuerdo con el plano de la eclíptica — dijo Collins, fijando los ojos en la cara de Ambrose—. Hemos obtenido datos posicionales del planeta por triangulación, y son bastante precisos porque estuvimos utilizando la colonia lunar como el otro extremo de nuestra línea de base. La longitud efectiva sigue cambiando, desde luego, pero…
— Un momento — exclamó Ambrose, advirtiendo de repente el error en el diagrama—. ¡La línea roja es curva!
— ¿Y bien?
— Bueno, un mundo antineutrínico no sería afectado por la gravedad del sol. Atravesaría el sistema solar en una línea recta inalterable.
— Ha caído en ello con bastante rapidez — dijo Collins—. Felicitaciones.
El cumplido no halagó a Ambrose.
— ¿Pero qué significa? El diagrama sugiere que el Planeta de Thornton es atraído por el sol, pero por lo que sabemos acerca del planeta, eso es imposible. ¿Están seguros de que es un mundo antineutrínico?
