Collins titubeó.

— Si hay alguna duda en ese aspecto, quedará resuelta dentro de pocos meses.

— Lo afirma con mucho aplomo — dijo Ambrose—. ¿Y cómo puede estar tan seguro?

— Es muy simple — dijo serenamente Collins—. Por lo que hemos podido determinar hasta ahora, hay muchísimas posibilidades de que el Planeta de Thornton pase directamente a través de la Tierra.

Capítulo 2

La mañana del 25 de marzo de 1993, Gilbert Snook — el neutrino humano— estaba sentado en un bar, disfrutando tranquilamente de un cigarrillo y de una ginebra con agua bien helada. Era un hombre delgado de estatura mediana, con pelo negro cortado al rape y rasgos atractivos y duros. El contorno inusitadamente definido de los músculos, aun de los que le rodeaban la boca, sugería fuerza física, pero por lo demás nada en él llamaba la atención.

Su satisfacción derivaba de una combinación de factores, y uno de ellos era que gozaba del primer día de ocio en dos semanas. Con las temperaturas diurnas del sur de la península arábiga, el mantenimiento de aviones ligeros era una ocupación que inducía a apreciar cabalmente pequeños lujos como el de estar al fresco. Dentro del casco de un avión el calor era insoportable: las superficies metálicas tenían que ser cubiertas con trapos para no quemarse al tocarlas, y el aceite de la máquina se aligeraba tanto que los mecánicos expertos desechaban las instrucciones de fábrica sobre viscosidad y elegían lubricantes que en circunstancias normales se habrían comportado como melaza.

Las condiciones de trabajo en Malaq disuadían a casi todos los técnicos extranjeros de quedarse mucho tiempo, pero se avenían con el temperamento de Snook. Era uno de los tantos estados minúsculos que se habían formado después de la fragmentación del ex sultanato de Omán, y atraía a Snook principalmente porque contenía sólo alrededor de dos personas por kilómetro cuadrado.



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