
– No me mires así; es algo muy útil; podré llevarte a la ciudad cuando quieras
– O estrellarnos contra un árbol, me temo. -Olivia se negaba a dejarse ablandar por su hermana. Podría haberse matado, estaba loca-. Además, no me gusta que fumes.
Al menos eso sí lo sabía desde hacía tiempo, pues un día encontró un paquete de cigarrillos en el tocador; Victoria se había limitado a reírse y encogerse de hombros cuando le pidió explicaciones
– No seas tan anticuada -repuso Victoria con dulzura- Si viviéramos en Londres o París, tú también fumarías para estar a la moda.
– Seguro que no Es un hábito desagradable para una mujer Por cierto, ¿dónde has estado?
Victoria vaciló un instante siempre era sincera con su hermana, no existían secretos entre ellas y, si alguna vez los había, la otra adivinaba instintivamente la verdad Era como si pudieran leerse el pensamiento.
– Confiesa -insistió Olivia
– De acuerdo He estado en Tarrytown, en una reunión de la Asociación Nacional Americana por el Sufragio de la Mujer Estaba Alice Paul, que ha venido expresamente para organizar la conferencia y crear un grupo de mujeres aquí, en Hudson, pero la presidenta de la asociación, Anna Howard Shaw, no ha podido acudir.
– Dios Santo, Victoria ¿qué estás haciendo? Nuestro padre llamará a la policía si participas en alguna manifestación. Lo más probable es que te arresten y tenga que pagar la fianza.
Lejos de desanimarse, a Victoria parecía gustarle esa posibilidad..
– Valdría la pena, Ollie, es una mujer tan interesante. La próxima vez me acompañarás.
– La próxima vez te ataré a la pata de la cama. Si vuelves a coger el coche para una cosa así, dejaré que Petrie avise a la policía y les diré quién se lo ha llevado.
– Sé que no lo harás. Ven, sube; te llevaré al garaje. -Fantástico, así acabaremos las dos en un lío. Muchas gracias, hermanita.
– No seas tan intransigente -repuso Victoria-, nadie tiene por qué saber que he sido yo.
