– Gracias. -Olivia le agradeció el cumplido con un beso. Edward la contempló con la misma satisfacción que sentía cada vez que la miraba. A pesar del calor, su aspecto era fresco y juvenil.

– ¿ y quién es ese abogado nuevo? -preguntó curiosa transcurridos unos minutos. Watson era un par de años menor que su padre y a Olivia le parecía todavía joven para retirarse, pero quizás era mejor traer a una persona nueva antes de que fuera demasiado tarde-. ¿ Le conoces?

– Todavía no. John dice que es muy bueno. Ha llevado varios asuntos para los Astor, antes de entrar en su bufete trabajaba en una empresa muy importante y sus referencias son excelentes.

– ¿Por qué cambió de empleo? -preguntó Olivia.

Le gustaba estar al día de los asuntos de su padre. A Victoria también le interesaban, pero sus ideas eran más radicales. A menudo los tres charlaban de política o negocios pues, al no tener hijos varones, a Edward Henderson le complacía mantener esta clase de conversaciones con ellas.

– Por lo que me ha explicado John, este abogado, Dawson, sufrió un duro revés el año pasado. Lo cierto es que me dio tanta pena que supongo que por eso he permitido que John lo traiga. Por desgracia comprendo muy bien su situación. El año pasado perdió a su mujer en el Titanic. Era hija de lord Arnsborough, creo que iban a visitar a su hermana. Casi perdió a su hijo también pero, al parecer, logró subir a uno de los últimos botes salvavidas. Como estaba muy lleno, la esposa de Dawson cedió su lugar a otro niño y dijo que saldría en el próximo, pero ya no hubo más. Después de esta desgracia Dawson viajó con su hijo a Europa y permanecieron allí un año entero; sólo hace dieciséis meses de la tragedia, y trabaja con Watson desde mayo o junio. Según John es muy bueno, pero de carácter algo sombrío. Lo superará, todos lo logramos, y él tiene que hacerlo por su hijo.

Henderson pensó en Elizabeth. Aunque no perdió a su mujer en una tragedia como la del Titanic, fue un duro golpe y sabía cómo debía de sentirse Dawson.



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