Wajid se cuadró de hombros.

– Tiene razón en cuanto a que en nuestro país se prefiere la línea masculina de primogenitura…

– Así que no soy tan importante como insinúa -dijo Ruby.

¿De verdad la había creído tan ignorante de las costumbres de Ashur cuando la vida de su madre había sido destrozada por ellas?

Encontrándose en una incómoda posición que no había previsto, Wajid enrojeció y consideró un error haber subestimado la inteligencia de la princesa.

– Siento contradecirla, pero su importancia es incuestionable. Sin usted, no tendremos rey.

– No comprendo. ¿Qué quiere decir? -preguntó ella, enarcando las cejas.

Wajid vaciló antes de explicar:

– Ashur y Najar deben aliarse por medio de un matrimonio entre las familias reales como condición esencial para firmar la paz.

Ruby tuvo que contener una carcajada al ver con claridad cuál era su importancia real a ojos de aquel testarudo hombre. Solo la necesitaban porque era joven y estaba soltera, y no había ninguna otra candidata.


– No sabía que en Ashur se siguieran concertando matrimonios.

– Solo en la familia real -dijo Wajid-. A veces los padres conocen mejor a sus hijos que ellos mismos.

– Pero yo no tengo padres; y mi padre nunca se dignó a conocerme. Así que, señor Sulieman, está perdiendo su tiempo. No quiero ser princesa ni casarme con un desconocido -poniéndose en pie para dar por concluida la conversación, Ruby casi sintió lástima del emisario-. En estos tiempos no creo que haya muchas jóvenes dispuestas a aceptarlo.

Stella y Ruby siguieron hablando del encuentro rato después de que los visitantes hubieran partido.

– ¿De verdad no sabías que eras princesa? -preguntó Stella.

– Supongo que no quisieron decírselo a mi madre. Su familia actuó como si no existiera.



9 из 99