
El joven oficial se detuvo, entornó los ojos y examinó el gran rectángulo. En el extremo más alejado, junto a la entrada de uno de los edificios principales, vio a dos de sus compañeros custodes que estaban de guardia. Si los llamaba para pedirles ayuda, pondría en guardia a su presa. Pero no veía a nadie más. Empezó a atravesar el patio con el propósito de preguntar a los otros custodes si habían visto salir a alguien del callejón, cuando lo detuvo un ligero sonido detrás de él, a su izquierda.
Giró en redondo intentando ver algo en la penumbra.
Había una silueta oscura ante una de las puertas que daban al patio.
– Identificaos -ordenó secamente.
La figura se puso tensa y luego dio unos pasos adelante, pero no respondió.
– ¡Adelantaos e identificaos! -gritó el oficial, sosteniendo la espada preparada sobre su peto.
– En el nombre de Dios -dijo resollando una voz melosa-, ¡identificaos vos primero!
Sorprendido por la respuesta, el joven contestó.
– Soy el tesserarius Licinio de los custodes. ¡Ahora identificaos vos!
Licinio no podía evitar sentirse orgulloso de su rango, pues lo acababan de ascender. En el antiguo ejército imperial ese rango correspondía al oficial que recibía de su general la tablilla, o tessera, sobre la que estaba escrita la contraseña del día. Para los custodes del palacio de Letrán, era el rango del oficial de guardia.
– Soy el padre Aon Duine -respondió una voz que tenía el acento ceceante de un extranjero. El hombre dio otro paso adelante de manera que la luz vacilante de una antorcha cercana le iluminó el rostro. Licinio percibió que el hombre era ligeramente regordete y hablaba con el jadeo de alguien que tiene problemas respiratorios, o que acababa de hacer una carrera.
Licinio examinó al hombre con desconfianza y le hizo señas de que se adelantara otro paso para que la luz lo iluminara totalmente. El hermano tenía cara de luna y llevaba la tonsura estrafalaria de los monjes irlandeses, consistente en llevar la parte anterior de la cabeza afeitada, a lo largo de una línea que iba de oreja a oreja, y el cabello largo detrás.
