– Beneficio tuo -dijo el monje inclinando la cabeza y pronunciando la frase ritual.

El hombre mayor se reclinó y suspiró sin responder; hizo una señal al monje con la mano para que expusiera su asunto.

– Con su permiso, venerable Gelasio, hay una joven hermana en la cámara de fuera que exige ser recibida.

Gelasio levantó las negras cejas en señal de amenaza.

– ¿Exige? ¿Una joven hermana, dice?

– De Irlanda. Ha traído la regla de su monasterio para que el Santo Padre la reciba y bendiga y trae algunos mensajes personales de Ultan de Armagh a Su Santidad.

Gelasio sonrió levemente.

– ¿Así que los irlandeses buscan la bendición de Roma aunque discutan las prácticas romanas? ¿No resulta una curiosa contradicción, hermano Dono?

El monje consiguió encogerse de hombros con los brazos todavía cruzados dentro de sus enormes mangas.

– Yo sé poco de esos lugares lejanos, salvo que creo que la gente sigue la herejía de Pelagio.

Gelasio frunció los labios.

– ¿Y la joven hermana exige…? -volvió a hacer énfasis en la palabra por segunda vez.

– Lleva cinco días esperando que la reciban, venerable Gelasio. El lío burocrático, sin duda.

– Bien, dado que la hermana nos trae noticias del arzobispo de Armagh deberíamos recibirla al momento, sobre todo porque nuestra joven hermana ha hecho un largo camino hasta Roma. Sí, veámosla a ella y a la consueta que trae y oigamos sus argumentos como si el Santo Padre fuera a recibirla. ¿Tiene esta joven hermana un nombre, hermano Dono?

– Ciertamente -contestó el joven monje-. Pero es un nombre peculiar que no logro pronunciar. Se parece a Felicita o Fidelia.

– Cualquiera de ellos puede ser un presagio, ya que Felicitas era la diosa de la buena fortuna en Roma, mientras que Fidelia significa alguien en que se puede confiar, fiel y firme. Dejadla entrar.



8 из 278