Nick estaba junto a la ventana de la cocina, tomándose su humeante café, mientras veía el sol aparecer por el horizonte.

De todas las casas que había diseñado, aquella era sin duda la que más le gustaba. Por encima incluso que la que se había construido para sí mismo en Providence.

Su ex novia, Claire, y el hijo de ésta, Jason se habían quedado temporalmente allí tras la separación. Era el hogar que había creado con la esperanza de tener, definitivamente, una verdadera familia.

Nick siempre había asegurado que no quería niños y se lo había dejado perfectamente claro a Claire desde el principio.

Sin embargo, la estrecha relación que se había creado entre Jason, de siete años, y él lo había obligado a revisar su opinión sobre los niños

Al cabo de unos meses con Claire, Nick le había pedido que tanto ella como su hijo se trasladaran a vivir con él.

Todo había ido muy bien durante un año, hasta que él había sacado el tema de los niños. La rotunda negativa de ella, alegando no sin razón que aquel no había sido el trato inicial y que ella tenía ya un hijo, había creado distancias insalvables en la pareja.

Poco tiempo después, Claire ya había encontrado a alguien capaz de darle una relación llena de glamour y libre de bebés.

Nick se había marchado de la casa en el instante mismo en que se había sabido traicionado. No había podido soportar permanecer allí. Le había dicho un sombrío adiós a Jason, el niño que casi se había convertido en su hijo, y le había dado a Claire dos meses para marcharse de la casa.

Por suerte, Greg y Roxy habían puesto a su disposición la cabaña del jardín para que pasara el verano. Con la esperanza de que un poco de soledad lo ayudaría a clarificar su cabeza, se había trasladado allí hacía un mes y medio.

Oyó unos pasos suaves que lo sacaron de sus pensamientos, y se volvió para ver a Jillian Marshall apostada en la jamba de la puerta de la cocina.



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