Acurrucada entre las sombras, vio una negra silueta pasar. Sin pensárselo dos veces, saltó sobre el desconocido y lo golpeó con el xilófono.

Duke, el perro, miró desde su alfombra, junto a la chimenea y bostezó.

El intruso pareció tropezarse y cayó sonoramente al suelo.

Jillian aprovechó la confusión para encender la luz.

En ese instante reparó en que acababa de golpear al hombre más guapo que había visto en su vida. Tenía un rostro anguloso y bien definido, y unos brazos musculosos. La miraba completamente perplejo.

El respiró profundamente y trató de levantarse, pero ella lo amenazó con el juguete de nuevo.

– ¡Quédese inmóvil o le echo a mi perro!

El gruñó, pero no pudo contener una sonrisa.

– ¿Se refiere a Duke? Dudo que ni tan siquiera se levante-se tocó la cabeza-. ¿Con qué demonios me ha golpeado?

– Con un xilófono de juguete-dijo ella-. ¿Quién es usted y qué está haciendo en mi casa?

– Esta no es su casa. Conozco a los dueños. Jillian se removió inquieta.

– Pues usted tampoco lo es. Así que estaba en mi derecho de golpearlo por allanamiento.-Su nombre…

– Soy Jillian Marshall, la hermana de Roxy Hunter.

Él se tocó la cabeza.

– ¡Vaya, la famosa Jillian, la genial matemática! Sabía que odiaba a los hombres, pero no me imaginaba que se dedicara a torturarlos.

Jillian jadeó levemente. ¿Cómo se atrevía a ser tan impertinente?

– ¡No odio a los hombres! No puedo creerme que Greg le haya dicho eso. ¿Quién es usted para que se tome esas confianzas?

El extraño se sentó.

– ¿No le advirtieron que vendría?-volvió a frotarse la cabeza-. Soy Nick Callahan y le estoy haciendo una librería a los Hunter. Ellos me dejan dormir en la cabaña del jardín y, mientras, les hago de carpintero.

– ¿Cómo sé yo que no está mintiendo?

– ¿Qué quiere, que le enseñe el martillo?



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