– Con el carné de conducir me bastará.

Nick Callahan se sacó el carné del bolsillo del pantalón y ella lo miró con excesivo empeño, hasta que reparó en que su interés estaba más centrado en su trasero que en otra cosa. Alzó la mirada y se encontró con sus ojos de mirada irónica. Sabía exactamente lo que había llamado su atención.

Él le tendió el carné y ella lo agarró con mano indecisa.

Finalmente, comprobó que se trataba de Nick Callahan, de Providence, Rhode Island. También era la única persona del mundo que estaba guapo en la foto de su carné de conducir.

– ¿Satisfecha?-preguntó él.

Ella cerró su cartera y se la lanzó sobre el pecho.

– Espere en el porche mientras llamo a mi hermana y no intente hacer nada raro.

– No se preocupe-dijo él y tras levantarse, se estiró sinuosamente, dejando que su camisa marcara los músculos de su torso.

Quince minutos después, ya había despertado a su hermana de la siesta y le había confirmado que Nick era ese «algo» que se le había olvidado decirle.

Lo buscó hasta dar con él en el estudio, donde se había puesto manos a la obra con su trabajo.

– Le había dicho que esperara fuera-refunfuñó Jillian.

– Me cansé de esperar. He entrado con «mi» llave. ¿Ya le ha confirmado Roxy que soy quien digo ser y no un maniaco asesino?

Jillian levantó la barbilla con orgullo.

– Sólo estaba protegiendo a mis sobrinos. Roxy me ha dicho que es usted amigo de Greg y que está aquí exactamente para lo que afirma estar.

– Bien-respondió él, y se quedaron un rato mirándose fijamente-. En tal caso, ¿me da su permiso para ponerme a trabajar?

Ella apartó los ojos.

– Sólo le pido que no haga mucho ruido. He tardado dos horas en lograr que los pequeños se durmieran.

– Haré lo que pueda-respondió él, regalándole una de aquellas devastadoras sonrisas momentos antes de volver a su labor.

Jillian le lanzó una heladora mirada y salió del estudio.



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