– Para mí, ya es demasiado cerca -señaló él con gesto sombrío-. No estoy dispuesto a perder mi libertad otra vez.

Serena lo observó detenidamente, intrigada. Momentos antes, mientras hablaba con otras mujeres en la recepción, no le había parecido un hombre tan misterioso. El silencio que les envolvía, se rompió cuando un camarero se acercó con una bandeja de canapés.

– Richard me ha dicho que usted y Candace trabajan juntas -dijo por fin Leo.

– Trabajábamos -corrigió ella-. Montamos un negocio de cateringy nos iba bien. Nos costó cinco años hacernos una reputación y nos salía mucho trabajo entre fiestas y recepciones. Y entonces, un buen día, Candace conoció a Richard.

– ¿Y qué pasó?

– Candace quiso vender su parte del negocio para poder comprar entre ella y Richard su nueva casa, pero yo no tenía dinero para comprar su parte…

– ¿Y no podría haber encontrado otro socio que comprara la parte de Candace? -preguntó Leo, frunciendo el ceño.

Ella sacudió la cabeza.

– Lo intentamos, pero, al final, fue más fácil venderle a un empresario el negocio entero -explicó ella, mientras jugaba con la copa de champán entre sus dos manos.

– ¿Y qué proyectos tiene ahora?

– Me gustaría abrir mi propio restaurante, pero no rne lo puedo permitir por el momento. Si tuviera algo de dinero…

Serena hablaba para sus adentros, pero la expresión de Leo se endureció.

– Todo se reduce siempre a una cuestión de dinero, ¿no? -dijo en tono burlón-. Supongo que ésa es la razón por la cual no le gusta este matrimonio. No es por Richard, ni porque se vayan a llevar mal en el futuro, sino porque ha perdido dinero con el matrimonio de su socia.

– ¡Eso no es cierto! -exclamó Serena con expresión furiosa-. Candace es muy buena amiga mía; si no lo fuera, no me habría vestido de esta forma tan ridícula.

– Si realmente fuera su amiga, no estaría pensando en el dinero. La verdad es que, a veces, me pregunto si las mujeres pueden pensar en otra cosa.



6 из 93