– A veces, no nos dejan otra opción -replicó Serena con enfado-. No todos tenernos la suerte de heredar una gran fortuna -añadió-. Algunas personas tenemos que salir a la calle a ganarnos la vida y, por eso, empiezo con un nuevo trabajo el lunes. Juré que no volvería a cocinar para nadie, pero no tengo más remedio si quiero conseguir algo de dinero para montar mi propio negocio.

– ¿Y no ha intentado nunca encontrar a un hombre rico que pueda apoyarla? -preguntó Leo con cinismo-. Eso es lo que haría la mayoría de las mujeres. ¡Es mucho más fácil que trabajar!

– Ya le he dicho que yo no soy como otras mujeres -dijo Serena con frialdad.

– ¿Es usted precavida o simplemente está asustada?

– Soy sensata -corrigió ella de nuevo, levantando la barbilla.

– A mí no me parece que sea del tipo de las sensatas -dijo él, sonriendo de una forma que desarmó a Serena.

– ¿Y de qué tipo le parezco? -preguntó ella con arrogancia, sin saber que no estaría preparada para la respuesta.

– De las apasionadas -señaló él y sostuvo su mirada-. ¡Sí, apasionada!


– ¿Qué te parece Leo?

Serena observó cómo Leo hailaha en mitad del salón con tina guapa rubia.

– Creo que es un tipo arrogante, presumido y muy prepotente.

– ¿De veras? -dijo Candace, mirando a su amiga con sorpresa-. Yo creo que es encantador y debes admitir que tiene una conversación muy entretenida -explicó Candace.

– Bueno, no está mal -concedió Serena-. La verdad es que no esperaba que viniera a la boda -añadió-. ¿No se suponía que estaba muy ocupado y que, inmediatamente después de la ceremonia, tomaría de nuevo el avión a Nueva York?

– Ése era su primer plan, pero parece ser que le ha dicho a Richard que se queda para no perderse los bailes.

– Y adivino bien la razón -señaló Serena al verle abrazado a la rubia.



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