– Es muy atractivo, ¿verdad? -dijo Candace, observando la misma escena que Serena.

Serena se dio media vuelta para no delatar el interés que Leo había despertado en ella.

– Es un poco creído -replicó tratando de no dar importancia a sus palabras.

– Vaya, vaya, ¡por lo que veo te parece atractivo! -exclamó Candace, que conocía bien a su amiga.

– De acuerdo, es bastante guapo -admitió Serena-, pero eso no significa que me guste.

– Qué pena -dijo Candace-. Nosotros creímos que iba a gustarte. De hecho -dijo confidencialmente-, Richard y yo pensábamos que podías llegar a salir juntos.

– ¿Cómo? -exclamó Serena-. No lo dirás en serio, ¿verdad?

– ¿Por qué no? -protestó Candace-. Yo creo que sois una pareja perfecta. Richard dice que, desde que Leo heredó su fortuna, ha estado rodeado de mujeres, pero que lo que realmente necesita es alguien fuerte que le apoye, y tú necesitas un hombre al que no intimides, como es el caso de Leo.

– Yo no necesito a nadie -dijo Serena con énfasis.

– Sí, claro que sí -protestó de nuevo Candace-. No todos los hombres son como Alex. No puedes dejar que una experiencia negativa arruine tu vida sentimental.

– No ha sido sólo una experiencia -puntualizó Serena-. Mi hermana también creía que necesitaba a un hombre y fíjate lo que le ha pasado. Se marchó a Florida para seguir a Chris y él la deja sola con tres hijos que criar. ¡Tienes un marido y se te va con su secretaria!

– Madeleine tuvo mala suerte -dijo Candace-. Pero a ti no tiene por qué pasarte lo mismo. Richard y yo somos felices, aunque a ti te parezca que nos conocemos desde hace poco. Estoy segura de que encontrarás al hombre de tu vida, Serena. Tú siempre has apoyado a tu familia, apoyaste a tu madre y a tu hermana después. Ya es hora de que encuentres a alguien en quien apoyarte y que descubra lo divertida y cariñosa que eres.

– Leo no me parece el hombre más indicado para descubrir esas virtudes -dijo Serena con cierta amargura.



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