Inmediatamente le explicó, como llevada por una obsesión, que el partido ecologista al que ella y Benjamín Languellerie pertenecían, había emprendido una campaña contra la empresa de su padre, cuya usina contaminaba el lago Le Bourget.

Maceira no echó en saco roto el nombre de Benjamín Languellerie. Malició en el acto que se trataba de un rival. La explicación tranquilizadora llegó poco después: Languellerie, amigo y contemporáneo del padre, era una especie de tío viejo de Chantal. La conocía desde cuando era niña y, a pesar de las edades tan desparejas, la amistad entre ellos nunca flaqueó. Hubo, es verdad, un cambio: al cabo de años (los primeros quince o dieciséis de la chica), Languellerie pasó de protector a seguidor. La había protegido de la severidad paterna y luego la siguió a través de obsesiones pasajeras, como el psicoanálisis, la repostería y el ballet, hasta la última, el ecologismo. El hecho de afiliarse al partido ecologista probaba que si debía elegir entre la hija y el padre, elegía a la hija. Cazalis no podía perdonarle esa afiliación, porque el partido ecologista y la guerra a su fábrica eran por aquella época una misma cosa. Los obreros de la fábrica, en volantes impresos y en torpes inscripciones murales, llamaban Judas a Languellerie; el señor Cazalis, en alguna comunicación a su hija, también.

Ya se disponía Maceira a pedirle a Chantal que si estaba por ahí su padre se lo señalara, «para conocer a mi suegro», cuando recapacitó que debía reprimir la curiosidad: al enterarse de que no conocía al señor Cazalis, la muchacha podía muy bien deducir que no había sido invitado por él y que era un intruso. «Vaya uno a saber», se dijo, «si de repente no pierdo todo lo que voy ganando.»

A la noche del baile la siguieron encuentros diarios entre Chantal y Maceira, encuentros que muy pronto fueron apasionados. El amor que ella le expresaba en palabras y en hechos paulatinamente convenció a Maceira, «un viejo zorro incrédulo», de que se encaminaban al casamiento. «Qué más quiero», se dijo. «Es una muchacha diez puntos y con ella la paso bien.» Me aseguró:



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