
Capítulo 2
Hey, papá, ¿qué te parece si buceamos un poco más en las 20.000 Leguas antes de volver a la casa a cenar? Quiero ver si puedo hacer unas fotos de ese angelote que vimos hace un par de días.
Esa sería la tercera inmersión del día. Ya habían visitado el Cessna Wreck y los Bon Wrecks, donde habían sido filmadas algunas películas de James Bond. Aun así, Randy nunca tenía bastante y, si había que decir la verdad, tampoco Andrew.
Habían explorado las 20.000 Leguas en su primer día de estancia en las Bahamas. Era un jardín de coral con canales retorcidos recorriéndolo y que permitía unas vistas espectaculares de los peces tropicales y de las grandes barracudas de Nassau, y los dos querían volver allí.
Andrew le hizo una seña al robusto buceador jefe, Pokey Albright y a su tripulación, todos nativos de Providence.
– Vamos allá, Pokey.
Con eso, el jovial y barbudo pelirrojo le dio las instrucciones pertinentes al piloto y se dirigieron a su destino a toda velocidad.
Skip y Larry, los dos guardaespaldas hicieron un gesto de disgusto. Probablemente estaban aburridos hasta decir basta. A Andrew le hubiera gustado no tener que llevarlos, pero la escalada de violencia y el hecho de que su estancia en las islas fuera conocida desde el primer día por la prensa, hacía obligatoria su presencia. Aunque después de cinco años como Gobernador, la verdad era que ya se había acostumbrado a su presencia y se habían llevado a seis que se turnaban para protegerlos, aparte de los propios guardias de seguridad de la urbanización selecta donde estaban.
Cuando llegaron a su destino sólo había otro barco de buceadores a lo lejos. Eran las cinco de la tarde y, al parecer, la gente ya había dejado de bucear por ese día, así que tenían todo aquello para ellos solos en la práctica, lo que les daría un descanso a los guardaespaldas.
