Una sirena. Una increíble sirena con un encantador rostro ovalado y un cabello largo y rubio flotando alrededor de los brazos y hombros. A través de ese cabello vio tentadores retazos de su voluptuoso cuerpo y el corazón pareció como si se le fuera a salir del pecho.

Se quedó allí delante sólo unos breves segundos. Luego la luz pareció asustarla y se apartó de él a una velocidad increíble.

Impulsado por una excitación sin control, apagó la luz y corrió tras ella, loco por atraparla y tocarla, por descubrir si algo tan tremendamente hermoso podía ser real.

No había recorrido diez metros cuando se dio cuenta de que algo le estaba dando unos golpes en la bombona. Desorientado, se volvió y vio a Pokey que le señalaba el reloj y luego hacia arriba, indicándole que ya era hora de subir.

Cielo Santo. Por unos momentos se había olvidado de verdad de Pokey y Randy. Bueno, en realidad se había olvidado de todo. Tal vez había buceado demasiado para sólo un día y lo que había visto eran los últimos niveles de conciencia antes de desmayarse.

Cuando llegaron a cinco metros de la superficie, Pokey extendió las manos, lo que significaba que debían pararse y escribió una nota en la pizarra que llevaba.

Ya he subido con Randy. Usted se ha pasado del tiempo límite. Vamos a tener que esperar aquí tres minutos. Hágame la señal de OK si me ha entendido.

Andrew se había sentido como un tonto muchas veces en su vida, pero esa era la peor. Hizo la señal correcta mientras se imaginaba el disgusto de Pokey. Después de esa experiencia no le extrañaría si el director de buceo se negaba a ir con ellos más veces. Y sabía que Randy se estaría preguntando por qué no había subido con ellos y se sentiría más preocupado a cada segundo que pasara.

Pokey escribió otro mensaje:

¿Está bien?

Andrew tomó la pizarra y respondió:

Sí.



15 из 113