Desafortunadamente, había sido responsable en parte de la infelicidad de su hijo desde la muerte de Wendy. El refrán favorito de su suegro, que decía que ningún éxito compensa los fallos en el hogar, le resonó claramente en los oídos. Naturalmente, él había querido alcanzar el éxito, pero más que eso, había querido cumplir todas sus promesas de la campaña. Y había escondido su dolor trabajando duramente.

Se había vuelto un extraño para su hijo y había olvidado sus deberes como padre, su compromiso más importante. Pero, después de esa noche reveladora hacía ya once meses, cuando un arrepentido Randy se había presentado ante él sin que Zack le dijera nada y le contó todo, suplicándole su perdón, Andrew se había transformado en otro hombre.

Le había pedido a Randy que lo perdonara por haber desperdiciado tanto tiempo. Porque en su siempre abarrotada agenda no había habido nunca tiempo para su hijo. Habían llorado juntos y, desde ese momento, habían llegado al compromiso de poner su relación por encima de cualquier otra cosa. Y, desde ese día no habían permitido que nada se interpusiera entre ellos.

– ¿Hijo? ¿Te he contado lo que Jim nos ha preparado? -le preguntó mientras sacaba una de las bolsas.

– ¿Te refieres a además de dejarnos usar su casa?

– Me llamó hace un par de días desde su despacho en Sacramento y me dijo que un hidroavión nos estará esperando en Miami para llevarnos a la bahía de Nassau. Parece divertido, ¿no? ¿Qué te parece aterrizar en el agua?

– ¡Me parece increíble! El Gobernador Stevens y tú debéis ser buenos amigos.

– Nos caímos bien durante ese viaje del verano pasado. Mary y él tienen dos hijas de diecisiete y diecinueve años y los he invitado a que vengan aquí en julio.

Randy miró a su padre con interés.

– ¿Has conocido a sus hijas?

– No. Pero he visto fotos y las dos son muy guapas. Contaba con que Troy y tú les enseñarais los alrededores y Virginia City. ¿Crees que podríais hacerlo? -le preguntó tratando de permanecer inexpresivo.



7 из 113