– Sí -dijo Randy riéndose-. Papá, si no me necesitas, tengo algo importante que hacer.

– Buenas noches. No te olvides de poner el despertador.

– ¿Quién necesita un despertador? Estoy tan excitado que no voy a poder dormir. Oh, de paso, tío Zack ha llamado y ha dicho que él y su familia vendrán a las seis y media para llevarnos al aeropuerto.

– Muy bien. Ahora vete a descansar un poco.

– Lo intentaré, pero no te prometo nada. Buenas noches, papá.

Todavía sonriendo, Andrew hizo un par de llamadas telefónicas y luego terminó de hacer las maletas. Cuando por fin se metió en la cama y fue a apagar la luz se encontró cara a cara con la foto de Wendy que tenía sobre la mesilla y la miró sorprendido.

Por primera vez desde su muerte se había olvidado de meterla en la maleta. Una parte de él sintió un destello de culpabilidad por esa pequeña traición. Pero otra parte se dio cuenta de que, en algún momento, había dejado de lamentarse por su pérdida. Se preguntó cuándo había sucedido, cuando por fin la había dejado ir…


– Beth, no debería haberte dejado acompañarme al aeropuerto, sé lo mucho que te gusta dormir. Pero te agradezco que lo hayas hecho, me ha venido bien charlar. Papá y mamá se han puesto imposibles con este viaje.

Su mejor amiga detuvo el coche delante de la terminal y la miró.

– Se ponen siempre así hasta que empiezan a dar consejos. Mientras eso pasa, mi consejo es que te vayas a Nassau y disfrutes. Piensa en esas fabulosas noches tropicales y playas iluminadas por la luna con tipos guapos y bronceados esperando encontrarse a alguien como tú.

Lindsay arqueó las cejas.

– Ya veo bastantes de esos en el club. Voy a trabajar, ¿recuerdas?

Luego salieron del coche, Lindsay recogió su maleta del asiento trasero y se dieron un abrazo.

– Gracias por todo. No sé lo que habría hecho en mi vida hasta ahora sin ti.



8 из 113