
– Entonces, ¿Melissa y Nick están juntos?
– Sí -contestó Sophie, mirándose las manos. No lloraría más, no podía llorar más-. Nick y ella quieren abrir una empresa de confección. Van a casarse en septiembre. Por eso estoy aquí. Mi madre quiere que me pruebe el vestido de dama de honor.
– ¿Vas a ser dama de honor de Melissa? -exclamó Bram, incrédulo-, Sophie, no tienes por qué hacerlo. Eso es pedirte demasiado.
– Pero sería muy raro que la hermana de la novia no fuese una de las damas de honor. Mis padres no sabían que Nick y yo estábamos prometidos… de hecho, no conocían a Nick, así que no les he contado nada. No sabrían qué hacer si supieran la verdad, de modo que le pedí a mi hermana que no dijese nada.
– ¿Tus padres no saben lo que ha pasado?
– No, ellos creen que se conocieron en Londres, cuando Melissa fue a visitarme. Sabían que yo salía con un chico, pero no les había dicho su nombre, así que les he contado que hemos roto. Eso, al menos, explicará que esté tan mustia -Sophie consiguió sonreír de nuevo-. MÍ madre piensa que estoy celosa de Melissa porque ella va a casarse y yo no.
Bram frunció el ceño.
– Eso no es justo.
Sophie se encogió de hombros.
– Si quieres que te sea sincera, estoy tan triste que me da igual. Melissa y Nick van a casarse y no tiene sentido ponérselo más difícil. Ni a mis padres. Yo creo que es mejor para todos que sólo nosotros tres sepamos lo que ha pasado. Había prometido no contárselo a nadie, pero es que a veces me siento tan sola… Estoy tan triste, tan desolada… y me odio a mí misma por no ser capaz de controlarme. Voy a estropear la boda de mi hermana, como dice mi madre, y no puedo hablar con nadie -dijo entonces con voz trémula-. No puedo hablar con Melissa porque no quiero que se sienta culpable, y nadie más sabe la verdad.
Bram le pasó un brazo por los hombros, apretándola contra su costado.
