– Pero ahora yo sé la verdad y me alegro de que me la hayas contado. Puedes hablar conmigo cuando quieras.

El deseo de llorar para soltar todo el dolor que sentía era tan fuerte que Sophie tuvo que hacer un esfuerzo para calmarse.

– Gracias, Bram. Me siento mejor hablando contigo.

– ¿Puedo hacer algo por ti?

Sophie vaciló.

– ¿Te importaría… venir a la boda? Sé que para ti tampoco será fácil ver a Melissa casándose con otro y me da vergüenza pedírtelo, pero sería muy importante para mí. Así no me sentiría tan sola.

De modo que Bram había ido a la boda. Por Sophie. Fue a la iglesia del pueblo y vio a Melissa, más guapa que nunca, mirando con expresión enamorada a Nick y, curiosamente, no le dolió tanto como había pensado.

Quizá estaba tan preocupado por Sophie que se olvidó de sus propios sentimientos. No entendía cómo había podido soportarlo, charlando y riendo con todo el mundo en el banquete. Seguramente él era el único que veía el desconsuelo en sus ojos, el único que sabía lo que le estaba costando hacer ese papel, el único que se daba cuenta de lo valiente y lo fuerte que era.

Cuando Melissa y Nick partieron de luna de miel, Sophie se despidió de su hermana y del hombre del que estaba enamorada y volvió a Londres. No había vuelto a verlos desde entonces y sólo iba a Yorkshire cuando ellos no estaban. Inventaba todo tipo de excusas para que sus padres no sospechasen nada y Bram era el único que sabía la verdad.

Sophie se movió entonces, devolviéndolo al presente. Mientras la miraba, apoyada amistosamente en su hombro, se dio cuenta de que sentía algo por ella que no había sentido antes. Nunca se había fijado en lo suave que era o en lo agradable que le resultaba el peso de su cuerpo.

Tenía la altura perfecta, además. Tampoco se había dado cuenta de eso. Le llegaba por la barbilla y le hacía cosquillas con el pelo. Un pelo que olía a limpio, a coco y flores silvestres.

Le gustaba más esto último. Bram nunca se había tumbado en una playa tropical para comer cocos y no tenía intención de hacerlo. Él prefería los valles, las montañas y el brezo. Las flores silvestres, de suave aroma, resistentes a la lluvia y el viento, le recordaban a Sophie.



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