Sophie no era así, pensó entonces. No era tan guapa como Melissa y, sin embargo, la recordaba perfectamente; sus expresiones, su risa, cómo movía las manos cuando hablaba. Siempre podía ver a Sophie en su cabeza cuando pensaba en ella.

– Podría haberla olvidado -asintió ella-. Y yo lo habría intentado de no ser por Melissa. También vi su cara, Bram. Ya sabes que está acostumbrada a que los hombres se enamoren de ella, pero no creo que ella haya estado verdaderamente enamorada de nadie.

Luego se detuvo abruptamente, recordando demasiado tarde que Bram había estado enamorado de su hermana. Y lo último que deseaba era hacerle daño.

– Lo siento -murmuró, contrita.

– No pasa nada. Te entiendo -sonrió Bram. Sophie tenía razón. Melissa estaba acostumbrada a que la quisieran más que a querer a nadie. Con su belleza, era lógico.

– Yo creo que Melissa se enamoró de Nick nada más verlo -siguió Sophie-. No podía dejar de mirarlo y, aunque intentó disimular por mí, me di cuenta enseguida. ¿Quién iba a entenderlo mejor que yo? Así que era demasiado tarde. Supe entonces que Nick no podría volver a mirarme de la misma forma. Si intentaba fingir que no pasaba nada, los tres acabaríamos sufriendo. Al menos así, Melissa y Nick tendrán la oportunidad de ser felices.

– ¿Melissa sabe lo que has hecho por ella? -preguntó Bram, pensando que pocas hermanas habrían hecho el sacrificio que había hecho Sophie.

Ella asintió.

– La pobre lo pasó fatal. Se puso a llorar cuando le dije que no iba a casarme con Nick. Decía que no podía hacerme eso, pero yo le expliqué que ella no había hecho nada. No fue culpa suya. No ha podido evitar enamorarse de Nick y él no ha podido evitar enamorarse de ella. Así es la vida.



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