
Y, como siempre, había buscado refugio en la granja de Bram. Sophie lo miró entonces, preguntándose si sabría lo importante que era para ella. Era tan buen amigo, tan reposado, tan sólido. Sólo con verlo se sentía mejor.
– Y sólo se me ocurrió venir a verte.
Capítulo 2
SOPHIE se había apartado un poco y Bram sintió frío al no tenerla a su lado. Le habría gustado que se quedase donde estaba en lugar de subirse el cuello de la chaqueta y meter las manos en los bolsillos. Pero, por otra parte, prefería que lo hubiera hecho. Por alguna razón desconocida, su proximidad lo hacía sentir… extraño aquel día.
Tan extraño que cuando Bess hizo saltar a un faisán de su escondite, dio un brinco al oír los gritos indignados del animal.
Sophie también se sobresaltó y miró las balas de paja que esperaban en el camión a ser descargadas, sintiéndose culpable.
– Lo siento, te estoy haciendo perder el tiempo. Tienes cosas que hacer y yo aquí, contándome mis problemas…
– Me gusta que me cuentes tus problemas -la interrumpió Bram-. Pero debo terminar de descargar las balas. No tardaré mucho. ¿Por qué no preparas un poco de té? Ya sabes lo que solía decir mi madre…
– ¡Todo se arregla con una taza de té! -repitió Sophie obedientemente.
Molly Thoresby siempre había creído en los poderes del té. ¿Cuántas veces le había oído decir esa frase? Sonrió, recordándolo, mientras se dirigían a la casa. Casi podía ver a Molly levantando la tapa de la vieja cocina de leña y poniendo la tetera a calentar mientras ella se sentaba a la mesa y le contaba sus cosas.
