Sophie quería a su madre, pero había querido casi igual a la madre de Bram. Harriet Beckwith era una mujer lista y elegante, mientras Molly había sido cálida y sabia. Molly jamás criticaba o protestaba como hacía Harriet. Sencillamente, escuchaba mientras hacía el té y, curiosamente, Sophie siempre se sentía mejor después de tomarlo. Cuando murió repentinamente, un par de meses antes, ella lo había sentido casi tanto como Bram.

La enorme cocina de la granja estaba exactamente igual que siempre, con su mesa de pino, sus cajones llenos de cosas y los dos viejos sillones frente a una estufa de leña, pero parecía vacía sin Molly.

El reloj de la chimenea marcaba el paso de las horas en silencio mientras Sophie llenaba la tetera de agua y la colocaba sobre la cocina de leña, como solía hacer la madre de Bram.

Siempre le había encantado aquella vieja y cómoda cocina. La de su madre era inmaculada, llena de modernos electrodomésticos y muy espaciosa, pero no era un sitio agradable para charlar.

Fuera, el cielo se volvía de color rosa. Empezaba a anochecer. A Sophie le gustaban esas cortas tardes de invierno y cómo encender una lámpara podía hace que la oscuridad afuera se hiciera más intensa en un segundo.

Sonriendo, encendió las luces de la cocina para que Bram pudiera ver el invitador brillo mientras volvía a casa. Debía ser horrible para él volver a una casa oscura ahora que Molly se había ido.

Luego se quedó frente a la ventana un ralo, viendo cómo se ponía el sol, y pensó en Nick, como hacía siempre en momentos de tranquilidad. Pensó en su sonrisa, en el escalofrío que sentía ante el mero roce de sus dedos, en la emoción de estar a su lado.

Estar con Nick nunca le había aportado tranquilidad, como le pasaba con Bram. Siempre hubo un elemento de riesgo en la relación, Sophie podía verlo ahora, con el paso del tiempo. Con Nick nunca podía estar relajada del todo por miedo a perderlo. Incluso cuando eran más felices, sentía que estaba a punto de explotar por la intensidad de sus sentimientos. Era una sensación extraña, pero maravillosa al mismo tiempo. Amar a Nick la hacía sentir viva.



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